14/5/10

La técnica de la clorotinta


Cuando fui a Segovia seleccionada por la Beca de Paisaje llamada del Paular en verano de 1997 me planteé expresar el paisaje de Segovia. La piedra tallada y el esgrafiado de las paredes de sus monumentos me invitaron a emular esa técnica escultórica a partir del dibujo; así fue como nació para mí la técnica que he dado en llamar: CLOROTINTA. he hablado por primera vez de ella en un artículo de Temalia de Planeta de Agostini titulado La clorotinta da a los dibujos personalidad propia (Art. 20. Publicado en Temalia por Planeta de Agostini on line el 3/07/2001. © 2002. Temalia es una marca registrada de Planeta De Agostini Online, S.A. Todos  os derechos reservados. ISSN : 1578-049X)


Así como el escultor sustrae de una piedra restándole trozos, esquirlas, y va dando luz y forma a su obra, yo intentaba partir de un papel teñido de negro  o marrón para abocetar las formas arquitectónicas tan atractivas del gótico o del románico segoviano.

Con un lápiz amarillo o blanco dibujo sobre la superficie oscura aquel tema que me interesa.

Luego he ido ensayando con otros temas, como la ciudad de Granada, las figuras de gitanos o flamencos; o incluso el ritmo artístico del patinaje.

Con la humilde lejía –cloro- tallo las luces y obtengo los medios tonos apagando con papel secante el proceso de decoloración del cloro. Así salen esos increíbles verdes o violetas.

Uso solamente dos tintas de dos colores, negro y marrón o sepia, también denominado 'tabaco' según una marca del mercado. Unas veces utilizo una sola tinta y, otras, los dos colores distribuyéndolas por zonas según los efectos que quiera obtener.

Con la tinta negra se obtienen ocres, dorados y azules. Con la marrón, verdes, amarillos, lilas, etc.

Mi papel preferido es uno de alto gramaje hecho especialmente para el grabado, pues así admite ese trabajo insistente de agua, tinta y lejía. No funcionan demasiado bien los excesivamente porosos.

Según los pigmentos y sus proporciones en la composición de las tintas los resultados son diversos según qué marca de éstas se use.
 
Los tres colores primarios entran a formar parte de las dos tintas, tanto de la negra como la marrón; por eso de nuevo afloran esos colores originales de los pigmentos.
La calidad y la proporción de los pigmentos es lo que hace variar los resultados del dibujo. Así como, claro está, la acción del cloro.

Como la lejía, a veces, realiza su labor independientemente de mi voluntad y se malogran muchos trazos, tengo que corregir, una vez que se ha secado bien esta primera fase de decoloración.

 A veces busco que la decoloración sea suave y lo hago con lejía y agua al 50% o con agua y papel secante.

Uno de los mayores encantos de esta técnica son los efectos inesperados, las imperfecciones, los movimientos de las líneas...

Eso produce efectos sorprendentes y texturas diferentes a las que se deseaban.

De todas maneras, si no acepto esos deslices del cloro, procuro corregir con el pincel y la tinta.

Los tonos son totalmente diferentes según se insista sobre algo tratado con lejía o con agua, seco o húmedo...

Es una técnica, en fin, que participa de la acuarela y que parece una talla; es un método sustractivo. Primero se talla como una escultura y después se retoca como una aguada.